La cabra y el oso

Érase una vez una cabra que vivía con sus tres hijos en una casita en el bosque. Todas las mañanas salía a buscar hierba y plantas para sus cabritillos. Siempre cerraba la puerta y pedía a sus hijos que no la abrieran a nadie porque en el bosque vivía un enorme oso.

Érase una vez una cabra que vivía con sus tres hijos en una casita en el bosque. Todas las mañanas salía a buscar hierba y plantas para sus cabritillos. Siempre cerraba la puerta y pedía a sus hijos que no la abrieran a nadie porque en el bosque vivía un enorme oso.

Un día, la cabra iba andando por el bosque cuando llegó a un arroyo y vio una avispa que se había caído al agua. La cabra metió una de sus patas delanteras en el agua y ayudó a la avispa a salir.

—Soy una simple avispa, pero quizá un día mis hermanas y yo también podamos hacer algo por ti. Si alguna vez necesitas ayuda, ven a buscarnos.

Cuando la cabra volvió a casa, llamó a la puerta y dijo: —Soy yo, vuestra madre. Traigo comida. Mis queridos cabritillos, dejadme entrar.

Y los tres cabritillos abrieron la puerta. Pero cerca de allí, el hambriento oso había estado escuchando.

Al día siguiente, cuando la cabra salió a buscar comida, el oso se acercó con sigilo a la casa, falseó la voz y dijo: —Soy yo, vuestra madre. Traigo comida. Mis queridos cabritillos, dejadme entrar.

Los tres cabritillos pensaron que su madre había vuelto del bosque y abrieron la puerta.

¡Qué susto se llevaron cuando vieron al oso en la puerta, de pie sobre las patas traseras y con su enorme boca abierta! Presas del pánico, echaron a correr y se escondieron en el desván. Hecho una furia, el oso los buscó por toda la casa.

Cuando la cabra regresó a casa, vio la puerta abierta y oyó a sus hijos gritar por la ventana del tejado: —¡El oso está dentro de casa!

La cabra fue corriendo al avispero. —Amigas avispas, mis cabritillos están atrapados. ¡El oso está en nuestra casa y mis hijitos no se pueden escapar!

En un abrir y cerrar de ojos, las avispas fueron en tromba hasta la casa, rodearon al oso y le picaron todo lo que pudieron.

El oso gimió y salió corriendo hacia el bosque, con un enjambre de avispas persiguiéndolo. No dejó de correr hasta encontrarse muy, muy lejos, y nunca volvió.

La cabra y sus hijos se pusieron a bailar y cantar de alegría delante de su casita:

—¡Vete, oso odioso! ¡Vete, oso odioso!

No vuelvas jamás, o te arrepentirás

El trasero tienes dolorido, porque a picaduras te han molido

¡Y a las avispas agradeceremos de por vida, la gran ayuda recibida!

Basado en el cuento Die Geiß und der Bär, del libro Cuentos de Bavaria, de Karl Spiegel (1914).