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Milo y la ardilla conocen a unas ovejas que tejen jerséis con su lana y les dan varios para repartirlos entre los animales del bosque. Milo descubre que la generosidad abriga a todos.
En invierno, en el bosque de Milo hace mucho frío. Los lagos casi se congelan y los pájaros se mudan a lugares más calurosos hasta la primavera. Era uno de esos fríos días cuando Milo y su amiga la ardilla iban paseando entre los árboles. Casi ningún animal del bosque podía salir a buscar comida con tanto frío, pero Milo y la ardilla tenían un pelaje más abrigado, así que a veces iban juntos en busca de frutos para todos.
De pronto, un fuerte viento helado los sorprendió mientras cruzaban una pequeña pradera.
Cuando llegaron vieron que una oveja y sus ovejitas descansaban entre las hojas bajas, pero Milo se dio cuenta de que todas llevaban unos jerséis muy calentitos.
Milo y la ardilla, muy emocionados, se pusieron los jerséis y se dieron cuenta de que ya casi no sentían el frío. Estaban tan contentos que les preguntaron a las ovejas si podían llevarse algunos más para el resto de los animales del bosque. Como a ellas también les pareció buena idea, llenaron sus cestas con jerséis de todos los tamaños.
Milo y su amiga se despidieron y salieron de los arbustos vistiendo sus nuevas prendas y sin miedo al viento. Caminaron de vuelta a casa muy calentitos y con muchas ganas de enseñarles a los demás animales sus nuevos jerséis. Así, los dos descubrieron que la generosidad convierte pequeños gestos en grandes sonrisas.