Milo Milón y las huellas en la arena

Milo Milón y sus amigos pasan un divertido día de verano jugando con sus huellas en la arena. Cuando el viento comienza a borrarlas, descubren que, aunque algunos momentos desaparezcan, los recuerdos y la alegría de haberlos compartido permanecen.

Era una mañana de agosto en el bosque de Milo. Hacía mucho calor y casi todos los animales habían ido a jugar cerca del lago, donde el aire era más fresco y el suelo estaba cubierto de arena suave.

El conejo daba grandes saltos dejando huellas largas.

La ardilla hacía dibujos moviendo la cola sobre la arena.

Y Milo caminaba despacio observando todas las marcas que iban apareciendo en el suelo.

  • ¡Mirad esta! - decía el conejo orgulloso señalando una huella enorme.

Los animales comenzaron a comparar sus pisadas entre risas.

Las más pequeñas eran las del ratón.

Las más redondas, las del erizo.

Y las más curiosas eran las del pato, que parecían pequeñas estrellas.

Pasaron toda la mañana jugando y dejando caminos en la arena junto al lago.

Pero, de pronto, empezó a soplar un fuerte viento de verano.

La arena comenzó a moverse lentamente y las huellas empezaron a desaparecer una detrás de otra.

  • ¡Oh no! - dijo la ardilla sorprendida -. ¡Se están borrando todas!

El conejo miró el suelo algo triste.

  • Con lo bonitas que habían quedado…

Entonces Milo sonrió.

  • Puede que las huellas desaparezcan… pero nosotros seguiremos recordando este día.

El erizo miró a sus amigos y sonrió también.

  • Es verdad. Lo importante no era la arena… era jugar todos juntos.

Entonces el conejo volvió a saltar riendo y la ardilla empezó a hacer nuevos dibujos antes de que el viento los borrara otra vez.

Los animales siguieron jugando junto al lago hasta que el sol empezó a esconderse detrás de los árboles.

Y aquella tarde, todos aprendieron que los mejores momentos no necesitan durar para ser especiales.

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