Milo Milón y el primer día de clase

Milo y sus amigos juegan junto al lago dejando divertidas huellas en la arena.
Cuando el viento las borra, descubren que los mejores momentos permanecen en el recuerdo.

Era una mañana de septiembre en el bosque de Milo. El verano estaba terminando y los animales se preparaban para volver a la escuela del gran roble.

Milo caminaba con su mochila cuando encontró al conejo sentado junto al camino.

  • ¡Hola! ¿No vienes a clase? - preguntó Milo.

El conejo bajó las orejas.

  • No quiero ir. Después de tanto tiempo de vacaciones, tengo miedo de no recordar nada y de que todo sea diferente.

Milo se sentó a su lado.

  • Yo también estoy un poco nervioso - confesó -. Pero podemos entrar juntos.

En ese momento llegó la ardilla, que llevaba una mochila llena de hojas y lápices.

  • ¡Yo no he dormido bien! - dijo -. No sé quién será nuestro nuevo profesor.

Los tres se miraron sorprendidos. Ninguno sabía que los demás también estaban preocupados.

Entonces decidieron caminar juntos hasta la escuela.

Al llegar, encontraron a muchos animales esperando en la puerta. Algunos estaban callados, otros sujetaban sus mochilas con fuerza y todos parecían un poco nerviosos.

Pero cuando comenzaron las clases, volvieron a jugar, aprendieron cosas nuevas y contaron sus aventuras del verano.

Al terminar el día, el conejo salió sonriendo.

  • Tenías razón, Milo. Volver no ha sido tan difícil como imaginaba.

Milo se colocó la mochila y respondió:

  • Los nuevos comienzos dan menos miedo cuando los afrontamos acompañados.

Y aquel día, todos aprendieron que sentir nervios es normal y que dar el primer paso puede llevarnos a vivir cosas maravillosas.

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