Milo Milón y la cesta compartida

Milo Milón descubre que compartir una cesta puede convertir un mal día en uno mucho mejor, en un cuento tierno sobre generosidad, amistad y pequeños gestos que ayudan a todos.

Era una mañana de mayo en el bosque de Milo. El sol brillaba suave y los árboles estaban llenos de hojas verdes y frutos que empezaban a madurar.

Milo bajó de su árbol con una pequeña cesta para recoger comida.

Por el camino se encontró con la ardilla, que llevaba la suya llena de frutos.

¡Mira todo lo que he encontrado! - dijo orgullosa.

Un poco más adelante, vieron al conejo sentado junto a un arbusto vacío.

Hola, soy Milo. ¿Qué te pasa? - preguntó.

Hoy no he encontrado nada para comer - dijo el conejo un poco triste - y ya he buscado por todo el bosque.

La ardilla miró su cesta… y dudó un momento.

Milo sonrió.

¿Y si compartimos lo que tenemos? Seguro que entre todos hay suficiente.

La ardilla pensó unos segundos y después asintió.

Está bien - dijo -, podemos repartirlo.

Los tres se sentaron en la hierba y empezaron a dividir los frutos.

Poco después, se unieron otros animales que también habían tenido un día difícil encontrando comida.

Sin darse cuenta, todos estaban comiendo juntos y riendo.

Cuando terminaron, el conejo sonreía.

Gracias… hoy pensé que sería un mal día.

Milo miró a todos sus amigos y dijo:

Cuando compartimos, siempre hay suficiente para todos.

Y así, aquel día, los animales del bosque aprendieron que compartir hace que cualquier día sea mucho mejor.

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