El pequeño Juan decía «YO» a todo. Si su madre ponía un trozo de tarta o algún postre en la mesa, Juan siempre decía «YO». Sin embargo, cuando llegaba la hora de ir...
Milo Milón y la sombra de Halloween
Una misteriosa sombra aparece en el bosque durante Halloween y asusta al pequeño conejo. Acompaña a Milo Milón en una aventura llena de sorpresas que nos enseña que no todo es lo que parece.
Era una tarde de octubre y el bosque de Milo Milón se preparaba para celebrar Halloween.
Los animales habían decorado el gran roble con calabazas, hojas de colores y pequeñas luces. Algunos llevaban disfraces y otros preparaban dulces para compartir.
Milo caminaba por el bosque cuando escuchó una voz detrás de un arbusto.
—Milo… ¿eres tú?
Era el conejo.
—¡Hola! ¿Qué haces ahí escondido? —preguntó Milo.
El conejo señaló hacia el gran roble.
—He visto una sombra enorme que se mueve detrás de los árboles. ¡Creo que es un monstruo!
Milo miró con atención. Entre las ramas se veía una sombra grande que se movía lentamente de un lado a otro.
—Puede que no sea lo que parece —dijo Milo—. Vamos a acercarnos juntos y descubrir qué es.
Los dos caminaron muy despacio.
De pronto, una ráfaga de viento hizo crujir las hojas.
—¡Ay! —exclamó el conejo, escondiéndose detrás de Milo.
—Tranquilo —dijo Milo—. Solo tenemos que mirar un poquito más cerca.
Cuando llegaron junto al gran roble, descubrieron que la sombra venía de una enorme rama llena de hojas secas. El viento la movía de un lado a otro y hacía que su sombra pareciera enorme.
El conejo abrió los ojos sorprendido.
—¡Entonces no era un monstruo!
—No —respondió Milo riendo—. ¡Solo era una rama moviéndose con el viento!
Los dos volvieron junto a sus amigos y contaron lo que había ocurrido.
Aquella noche, todos siguieron celebrando Halloween entre disfraces, juegos y risas.
Y el conejo pensó que había pasado mucho rato preocupado por algo que, al final, no era nada.
Desde entonces, cuando algo parecía asustarle, primero intentaba descubrir qué estaba pasando antes de preocuparse.
Porque aquella noche había aprendido algo importante:
No todo es lo que parece y, a veces, nos preocupamos por cosas que al final resultan no ser tan importantes.