Milo Milón y el día de la lluvia

Milo enseña a los animales del bosque que la lluvia no tiene por qué ser aburrida, sino una oportunidad para divertirse de forma diferente; al cambiar su actitud, descubren que incluso los días grises pueden convertirse en momentos llenos de alegría.

Era una mañana de abril en el bosque de Milo. El cielo estaba lleno de nubes y, poco después de despertar, empezó a llover.

Las gotas caían sobre las hojas, haciendo un sonido suave que llenaba todo el bosque.

Milo miraba la lluvia desde su árbol cuando vio pasar a la ardilla algo enfadada.

  • ¡Qué día más aburrido! - dijo -. No podemos jugar, todo está mojado.

Algunos animales se escondían en sus madrigueras, y otros miraban el cielo esperando a que parara de llover.

Milo bajó del árbol y pensó un momento.

  • ¿Y si salimos a jugar igualmente? - propuso.
  • ¿Jugar con lluvia? - preguntó la ardilla sorprendida.
  • ¡Claro! Solo hay que hacerlo de otra manera.

Milo empezó a saltar en un pequeño charco.

  • ¡Mira! - dijo riendo mientras salpicaba agua.

Poco a poco, los demás animales se animaron.

El conejo saltaba de charco en charco.

La ardilla corría esquivando las gotas.

Y hasta el caracol parecía más contento que nunca con tanta humedad.

Entre risas y saltos, la mañana pasó volando.

Cuando la lluvia empezó a parar, un arcoíris apareció en el cielo.

  • ¡Qué bonito! - dijeron todos mirando hacia arriba.

La ardilla sonrió y miró a Milo.

  • Tenías razón… la lluvia también puede ser divertida.

Milo respondió mientras miraba el arcoíris:

  • A veces, solo hace falta cambiar la forma de mirar las cosas para descubrir algo nuevo.
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