Melamil®
Complemento alimenticio a base de melatonina al 99% que ayuda a conciliar el sueño
Las tomas nocturnas del bebé van cambiando a medida que crece, porque no necesita lo mismo un recién nacido que un bebé de varios meses. Por eso, es normal que tengas dudas sobre cuántas tomas pueden ser habituales, cuándo empiezan a espaciarse o si cada despertar durante la noche significa realmente que tiene hambre.
A lo largo del artículo veremos cómo suelen evolucionar las tomas nocturnas según la edad, qué señales pueden ayudarte a entender mejor qué necesita tu bebé en cada despertar y cómo acompañar esta etapa con calma, sin comparaciones y sin intentar acelerar un ritmo que todavía está madurando.
En los recién nacidos, las tomas nocturnas suelen ser frecuentes. Su estómago es pequeño, su sueño todavía está madurando y necesitan alimentarse varias veces tanto de día como de noche.
En esta etapa no conviene espaciar las tomas de forma forzada. Lo más importante es observar señales de hambre como la búsqueda del pecho o el biberón, los movimientos de succión, llevarse las manos a la boca o mostrarse inquieto.
Un bebé de 1 mes puede seguir haciendo varias tomas nocturnas. Aunque resulte cansado, entra dentro de lo habitual, especialmente si está con lactancia materna a demanda.
A esta edad, muchos bebés todavía no diferencian bien entre día y noche. Su descanso se organiza en periodos cortos y sus necesidades de alimentación pueden aparecer cada pocas horas.
Si tu bebé toma biberón, también puede despertarse por hambre durante la noche. Algunos bebés espacian algo más las tomas, pero no todos lo hacen al mismo ritmo.
A los 2 meses, algunos bebés empiezan a dormir algún tramo más largo, mientras que otros siguen despertándose varias veces para comer. Ambas situaciones pueden ser habituales.
Más que fijarte solo en el número de tomas, observa si tu bebé se alimenta bien, moja pañales con normalidad, gana peso según lo esperado y se queda tranquilo después de comer.
Entre los 3 y los 6 meses, algunos bebés empiezan a espaciar las tomas nocturnas y a dormir periodos algo más largos. Aun así, en esta etapa también pueden aparecer despertares que no siempre están relacionados con el hambre.
Tu bebé está más atento al entorno, su sueño sigue madurando y puede necesitar ayuda para volver a dormirse. Si se despierta pero apenas come o se calma con contacto, quizá necesita cercanía, consuelo o acompañamiento, no necesariamente una toma completa.
A partir de los 6 meses, algunos bebés reducen las tomas nocturnas de forma progresiva, sobre todo si durante el día se alimentan bien y su crecimiento es adecuado.
Aun así, esta edad no marca una frontera exacta. Antes de reducir o retirar alguna toma, conviene valorar su desarrollo, su peso, cómo come durante el día y si la toma nocturna parece hambre real o consuelo. En caso de duda, consulta con tu pediatra.
No hay una cifra exacta de tomas nocturnas que sea correcta para todos los bebés. Lo que para uno puede ser habitual, para otro puede no serlo.
Un recién nacido puede necesitar varias tomas durante la noche. Un bebé de más meses puede empezar a espaciar algunas. Y otro bebé de la misma edad puede seguir despertándose con frecuencia.
Cada bebé tiene un ritmo distinto. Influyen muchos factores, como:
Además, el sueño infantil no evoluciona de forma lineal. Puede haber semanas mejores y otras con más despertares.
Tu bebé puede tener hambre si:
En bebés pequeños, especialmente durante los primeros meses, es importante responder a estas señales y no intentar retrasar la toma sin orientación profesional.
No todos los despertares nocturnos significan hambre. A veces el bebé se despierta porque necesita contacto, tiene frío o calor, está incómodo, tiene gases, busca ayuda para volver a dormirse o simplemente ha cambiado de fase de sueño.
Puede que no sea hambre si:
Diferenciarlo lleva tiempo. No necesitas acertar siempre. Basta con observar patrones poco a poco.
Reducir las tomas nocturnas puede tener sentido en algunos casos, pero no debería hacerse de golpe ni como una obligación. La idea es acompañar a tu bebé poco a poco, cuando esté preparado y sin forzar su ritmo.
Puedes hacerlo así:
Antes de hacer cambios, fíjate durante varios días en cómo son sus despertares. Si toma muy poco, se duerme enseguida o no busca alimento con claridad, puede que necesite consuelo o ayuda para volver a dormirse.
Si durante el día se alimenta bien y su crecimiento es adecuado, puede ser más fácil que empiece a espaciar alguna toma nocturna. Si tienes dudas sobre su peso o alimentación, consulta con tu pediatra.
Si la toma anterior ha sido reciente, puedes esperar unos segundos, hablarle con voz suave, acariciarle o cogerle en brazos antes de ofrecer alimento.
Si quieres quitar una toma nocturna concreta, hazlo de forma progresiva. Si toma pecho, puedes acortar poco a poco esa toma; si toma biberón, consulta con el pediatra cómo ajustar cantidades según su edad.
Dale unos días para adaptarse. Si se despierta más, se muestra muy irritable, come peor o notas algo que te preocupa, es mejor frenar y pedir orientación.
No retires varias tomas a la vez ni empieces este proceso durante viajes, enfermedades, mudanzas o etapas especialmente sensibles. Reducir tomas nocturnas no consiste en lograr que duerma toda la noche cuanto antes, sino en acompañar una transición cuando tenga sentido.
En algunos casos, las tomas nocturnas se mezclan con la dificultad para volver a dormirse, especialmente cuando tu bebé se despierta, apenas come y necesita ayuda para retomar el sueño. Dentro de una rutina tranquila y adaptada a su edad, puedes consultar Melamil, un complemento alimenticio en gotas con melatonina que ayuda a reducir el tiempo necesario para conciliar el sueño. Sigue siempre las indicaciones del producto y, si tienes dudas sobre su uso o sobre el descanso de tu bebé, consulta con tu pediatra.
No tiene por qué ser malo. En muchos bebés, las tomas nocturnas forman parte de su ritmo de alimentación y sueño, sobre todo durante los primeros meses. Lo importante es que tu bebé se alimente bien, crezca adecuadamente y tú puedas contar con apoyo para descansar cuando lo necesites.
Las tomas nocturnas pueden hacer que el descanso sea más fragmentado, pero en algunas etapas también pueden ser necesarias. A medida que el bebé crece y su sueño madura, es habitual que vaya espaciando algunas tomas y durmiendo tramos más largos.
Depende de su edad, su peso, su crecimiento y de las indicaciones de su pediatra. En algunos recién nacidos puede ser necesario despertarlos para comer, mientras que en bebés sanos que crecen bien puede no hacer falta. Si tienes dudas, consúltalo antes de cambiar las tomas nocturnas.
No hay una edad exacta. Algunos bebés empiezan a reducir las tomas nocturnas durante el segundo semestre de vida, mientras que otros las mantienen más tiempo porque todavía las necesitan o porque les ayudan a volver a dormirse. Más que fijarte solo en los meses, conviene valorar su edad, crecimiento, alimentación durante el día y desarrollo del sueño.
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