EL TÚNEL DE LOS ZAPATOS

Luna descubre un misterioso mundo subterráneo habitado por un ratón que colecciona zapatos para convertirlos en camas.

Luna subía y bajaba del tobogán una y otra vez. Corría por el parque esquivando los columpios que iban y venían con niños riendo. Se colgaba del pasamanos con todas sus fuerzas para no caer. Estaba feliz.

—Luna, es hora de irnos a casa, se hace tarde —dijo su mamá.

Bajó del tobogán una vez más y, al caer, pisó una hoja que crujió extraño. El suelo hizo “plop” y uno de sus tenis fue tragado por un hoyo redondo y oscuro. Desde dentro se escuchó un “gracias” con voz diminuta.

Se agachó y tiró del cordón para sacarlo, pero mientras más jalaba, más se hundía. Parecía que alguien del otro lado también tiraba.

—¡Oh no! —expresó preocupada—. ¡Es mi tenis de Bluey con luces!

Tomó un palo del jardín e intentó rescatarlo, pero solo logró que desapareciera aún más. El cordón quedó moviéndose como una lombriz.

No se dio por vencida. Mientras su mamá conversaba cerca, empezó a escarbar. Con una piedra puntiaguda quitó tierra hasta abrir un túnel, se asomó y vio pasar un ratón que arrastraba algo.

Sin pensarlo, se deslizó por el agujero, empujó y empujó su cuerpo cada vez con más fuerza hasta que pudo meterse dentro. Aunque estaba oscuro, las lucecitas intermitentes de su zapato la guiaban por el camino.

Llegó a una cueva llena de calzado: botas, sandalias y tenis sin pareja, acomodados. Otros más solo estaban apilados en una enorme montaña.

—Había oído del ratón de los dientes —pensó—, pero ¿un ratón de zapatos?

Cuando volvió a pasar, Luna lo sujetó con cuidado por la cola y le dijo:

—¿A dónde vas con mi tenis?

El ratón sonrió.

—Para nosotros son camas suaves. Podemos dormir y roerlos. Y el tuyo... ¡hasta tiene luz!

Luna miró alrededor: cientos de piezas desparejadas formaban dormitorios diminutos.

—Lo siento —dijo—, no puedo regalártelo. Lo necesito para completar el par y es mi favorito.

—No, es mío, yo lo encontré y se queda conmigo.

—Por favor, no puedo andar con uno solo, prometo traerte uno.

Al día siguiente Luna llevó un zapato en su mochila. Después de la escuela corrió al árbol, y sorprendida vio el túnel tapado. Cavó y cavó, pero no tuvo éxito.

Entonces dejó el regalo junto al tronco y se alejó triste.

Un día después fue de nuevo al parque, corrió al árbol y vio que no estaba. En su lugar encontró una piedrita brillante que parpadeaba con una luz diminuta.

Sobre la escritora: Leticia Flores Altamirano

Soy Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada de la generación 1980-1984. Desde siempre me ha gustado escribir y encontrar en las palabras una forma de expresar ideas, emociones y contar historias.

Durante los últimos tres años he tenido la oportunidad de continuar mi formación literaria en la Escuela de Escritores de Madrid, donde he realizado diversos cursos y talleres, entre ellos Escritura Creativa y Taller de Escritura Infantil y Juvenil. Estas experiencias me han permitido profundizar en las herramientas narrativas y desarrollar mi interés por la literatura dirigida a niños y jóvenes.

En mi trayectoria como escritora, uno de mis logros ha sido la publicación de un relato en el concurso Cancún 100 palabras, una experiencia que me motivó a seguir explorando y compartiendo mi trabajo literario.

Actualmente vivo en Cancún, Quintana Roo, desde donde continúo escribiendo y desarrollando historias para el público infantil. Me apasiona crear relatos que despierten la imaginación, estimulen la curiosidad y transmitan a los pequeños lectores el placer de descubrir nuevos mundos a través de la lectura.

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